Nunca fui buena para las resoluciones, pero creo que es porque me parecen algo demasiado agotador, como una obligación que, una vez que se completa, pasa a la bandeja de salida y luego al olvido. Pero las resoluciones no tienen por qué ser algo trascendental, una lista de cosas para hacer ahora o nunca que elaboramos la mañana del 1 de enero. Pueden ser pequeñas decisiones para vivir con más atención, de una forma más acorde a nuestras prioridades y a nuestros sueños.
Las experiencias que se aproximan en los próximos meses son importantes, con muchos viajes en los que hay que anticiparse al lugar de partida y prepararse para el lugar de destino, y quiero asegurarme de que no solo "transitemos" estos viajes, sino que más bien nos tomemos el tiempo de celebrar esta oportunidad que tenemos de explorar el mundo juntos… porque es un verdadero regalo.

